Cochabamba, martes 19 de marzo de 2019

Suspiria

Crítica del remake del clásico de terror italiano, referente del género Giallo . 
| Mauricio Rodríguez Medrano | 10 mar 2019



Si una película de terror tiene como protagonista a una muchacha ingenua todo saldrá mal; Jason Voorhees, de Viernes 13, se hizo un festín con esas muchachas candorosas y lúbricas. Además, uno debería saber que está viendo una película de clase B (el error fue mío al creer lo contrario). Entonces: por más que el director fue Luca Guadagnino (también director de la excelente Call Me by Your Name) todo estaba destinado al fracaso.

La película es el remake de Suspiria que en el internet se puede encontrar con el nombre de “Suspiria 2018”. El director de la película original fue Darío Argento y en su tiempo fue alabada por su estilo visual y estilístico. Está basada en el ensayo de Thomas De Quincey llamado Suspiros de la profundidad. Es la primera parte de una trilogía: Inferno (1980) y The Mother of Tears (2007).

En realidad, la primera Suspiria es una mala película, con un mal guion y que, con el tiempo, se convirtió en una película de culto (así como Tomates asesinos u Holocausto caníbal»). Al menos la actriz Jessica Harper es creíble al interpretar a una muchacha ingenua y casta.

La primera Suspiria es así: una muchacha llamada Suzy Bannion llega a Alemania en plena lluvia. Se moja hasta los tuétanos y carga una mochila pesada. Se dirige a una academia de danza clásica, que a su vez es una especie de internado. Se instala mientras otra estudiante de la academia es asesinada con cierta brutalidad (y hay una escena de un murciélago de hule, claramente de hule brutal).

Con el tiempo se da cuenta que algo raro pasa en la academia y descubre que las profesoras y la regenta son brujas (esto sucede a la mitad del metraje). Luego tiene sueños algo indecentes y al final logra escapar del internado (y hay fuego de por medio y colores chillones muy al estilo de las películas de los años 80 o de las discotecas de los años 80). Algo de gore aquí y por allá y punto final.

Al menos Darío Argento sabía que estaba haciendo (¿lo sabía?) una película de clase B y lo hace notar en el humor negro que utiliza (y en la música de la banda de rock progresivo Goblin). Luca Guadagnino va en sentido contrario: cree que hace una película intelectual de terror que se convertirá en un nuevo clásico y lo único que logra es empeorar la versión de Argento.

Una muestra: en una escena la directora (interpretada por la genial Tilda Swinton) le pregunta a la nueva Suzy Bannion (interpretada por la pésima Dakota Johnson que aún no logró salir de su personaje de 50 sombras de Grey) qué sintió al bailar. Suzy Bannion responde con todo el intelecto y sensualidad que posee: “Fue como coger (del verbo copular) con un animal”.

Otros problemas del filme. No hay un personaje principal claro. Para Daria Argento era Suzy Bannion. Para Luca Guadagnino a momentos es Suzy. A momentos un psiquiatra anciano que parece que en cualquier momento va a morir (es Tilda Swinton con mucho maquillaje). A momentos son las brujas de la academia. Digamos que la película Luca Guadagnino se parece más a un recalentado de año nuevo.

La película dura dos horas con 29 minutos. Bienaventurados quienes llegan a las dos horas y aún quieren verla.

El mayor problema de la película de Luca Guadagnino es haber querido meter toda la trilogía de Argento en una película. Miento: hay otros grandes problemas. ¿Recuerdan el hermoso diálogo que da el padre a su hijo en Call Me by Your Name? Guadagnino quiere solucionar esta película con varios monólogos y con un contexto de Guerra Fría y de Segunda Guerra Mundial.

¿Qué sentí al ver Suspiria (2018)? Fue como coger con un animal..

Periodista y escritor - zion186@hotmail.com



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