Cochabamba, sábado 15 de diciembre de 2018

Error médico sube de séptima a tercera causa de muerte en EEUU

Unifranz de Cochabamba invitó al especialista chileno Armando Ortiz Dommier para el taller “Aprendiendo de los errores”, con el fin de reflexionar y debatir acerca de los valores morales vinculados al ejercicio profesional de las ciencias de salud, desde el punto de vista de la bioética.
| MARÍA LUISA MERCADO | 08 nov 2018



El error médico era la séptima causa de muerte en Estados Unidos, según estableció el Instituto de Medicina (IOM) en el informe “Errar es humano”, en el año 2000. Hoy, a pesar de los recursos en programas y mayor capacitación, es la tercera causa de muerte. “En lugar de mejorar se ha empeorado”, afirmó el Armando Ortiz Dommier, especialista en Neurocirugía de la Clínica Las Condes (Chile).

El experto, que llegó a Cochabamba para dictar el taller “Aprendiendo de los errores” en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), señaló que el error en la práctica médica es un problema global y no es nuevo.

“La asistencia sanitaria es una actividad de riesgo y con riesgo. No existe riesgo cero”, subrayó, al indicar que en los últimos 50 años se ha dado el mayor desarrollo de la tecnología y de la complejidad de la medicina.

En España, Jesús María Aranaz elaboró un Estudio Nacional de Eventos Adversos (ENEAS), señalando al error médico como evento adverso, no intencional. “El evento adverso es inevitable y hay que ocuparse de los errores evitables” , reseña Ortiz.

Un estudio realizado en Colombia, Argentina, Brasil Uruguay y Perú establece que la tasas de errores médicos o eventos adversos oscila del 10 al 15 por ciento .

Es decir que, de cada 10 pacientes que ingresan al hospital, en al menos uno de ellos se va a producir un problema serio.

Ante esta realidad, se han desarrollado diversas herramientas. La Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente promueve entornos para la práctica segura, para que la frecuencia de errores sea menor, pero nunca se puede pensar que sean cero.

Ortiz señaló que la judicialización de la practica médica, de resolver el problema desde el punto de vista jurídico y punitivo “es un desastre”. Lo único que ha hecho es generar insatisfacción en organizaciones, en profesionales y pacientes.

Además, la víctima no solo es la que sufrió el error médico, sino que está el profesional que sufre un impacto psicológico y social importante. “Hay profesionales que dejan de ejercer después de un error y la tercera víctima es la institución”, aseguró Ortiz.

El especialista planteó que “todos nos hagamos cargo de la calidad y colaboremos para que mejore, incluyendo a profesionales, administradores, directores, autoridades y sobre todo pacientes.

Se trata de dar seguridad a los pacientes, aumentar la calidad de la atención y crear entornos más seguros, pero de ninguna manera pueden estar exentos de riesgo.

La relación clínica moderna entre el profesional y el paciente ha cambiado. ”Se trata de tomar buenas decisiones y decisiones responsables sobre el cuerpo de uno. Hoy los pacientes han dejado de ser sujetos pasivos para convertirse en responsables de su propia situación de salud y de las decisiones que toman”, concluyó Ortiz.

Decisión informada

La idea arraigada en la cultura, de que si alguien hace algo tiene que garantizar de que saldrá bien, es una idea que en la práctica clínica no es aplicable, no tiene asidero, señaló el neurocirujano Armando Ortiz Dommier.

Explicó que en medicina no hay certezas ni resultados garantizados y sobre todo, porque “las personas tienen que tomar decisiones informadas”.

Según el especialista de la Clínica Las Condes de Chile, la teoría del consentimiento informado ha tomado carta de ciudadanía .

“Los procesos de información, de aclaración de dudas, de segundas opiniones para tomar una decisión en salud son responsabilidades fundamentales de los propios ciudadanos”, aseguró el médico. Por su parte,los médicos tienen que basarse en la bioética para tomar decisiones prudentes y asumir actitudes y comportamientos orientados al servicio del paciente y de la sociedad, antes que de beneficio propio.



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