Cochabamba, martes 20 de noviembre de 2018

Los Detectives Salvajes, 20 años después

Un homenaje a Roberto Bolaño reunió comentarios de figuras literarias latinoamericanas bajo tres preguntas: cuál fue la impresión de su primera lectura, cómo la valora hoy y cómo aprecia su influencia 20 años después. Compartimos dos de ellos.
| Culto | 04 nov 2018

Anagrama

Recuerdo que terminé de leerla y llamé por teléfono a un compañero de colegio que la estaba leyendo en ese mismo tiempo, o que quizá la había terminado en esos días. Y estuvimos hablando toda esa tarde del libro, de Belano y Lima, de Cesárea Tinajero, de los cientos de personajes que aparecen en el medio de la novela Fue un remezón que he experimentado muy pocas veces. Terminé la novela y me dieron muchísimas ganas de escribir. Era el verano de 2004, enero. Yo tenía 17 años y Bolaño llevaba muerto sólo unos meses, pero su nombre y esta novela en particular aparecía por todos lados. El vértigo y el entusiasmo que transmitía es algo que nunca he olvidado.

Creo que fue un libro que desordenó por completo a la narrativa chilena, que venía escribiendo unos libros muy correctos, muy predecibles, y su aparición cambió el panorama, abrió rutas de lectura. Además, le recordó a los narradores chilenos cuán importante era volver a la poesía.

Hace 10 o 15 años, cuando le preguntabas a los más jóvenes qué leían, Bolaño -y Los detectives salvajes– estaba muy presente. Pero hoy el nombre de Bolaño no aparece entre sus lecturas principales. No sé qué pasó. Sí sé que Los detectives planteaba un juego primordial con las formas, con las estructuras narrativas, y esa apuesta, ese preguntarse por cómo se cuenta una historia, es algo que no permeó a las nuevas generaciones de narradores chilenos. Algo se perdió en el camino, y creo que es urgente recuperarlo. (Diego Zúñiga)

*

La primera impresión no fue del todo positiva. Uno de mis estudiantes chilenos del doctorado, Luis Cárcamo-Huechante, me la recomendó. Recuerdo haber leído las primeras 150 páginas y no estar del todo enganchado. No fue, digamos, un amor a primera vista. Luego la dejé en un avión y no continué la lectura. Un par de años después volví a intentarlo, y esta vez la leí fascinado de un tirón.

La novela fue parte de un renovado interés por la vanguardia, por sus prácticas y proyectos, parte de una relectura a partir de un momento en que el mercado ha cooptado todo y no es posible estar afuera del sistema. Bolaño habla del sueño de unir vida y arte y de cómo acabó ese proyecto, y a partir del ejemplo de la vanguardia nos hace pensar en las difíciles preguntas para el artista en nuestro momento neoliberal, en su relación con su arte y en cómo ese arte debe enfrentarse a la política y al mercado.

Si lees a los escritores de las nuevas generaciones te encuentras con Los detectives salvajes en todas partes. Está, por dar un par de ejemplos, en la obra del peruano Diego Trelles y de la ecuatoriana Mónica Ojeda. Lo más interesante es que las novelas que escriben no se parecen nada entre ellas; es decir, hay muchas pistas a seguir, hay un bosque donde perderse, no es solo una la pieza que salen tocando quienes entran a dialogar con Los detectives salvajes. (Edmundo Paz Soldán).



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