Cochabamba, viernes 20 de abril de 2018

El hombre que amaba a Amy Winehouse, segunda edición

El autor menciona algunos aspectos de El hombre que amaba a Amy Winehouse, del poeta tarijeño Julio Barriga, a propósito de la segunda edición de este libro con la editorial El Cuervo.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 11 feb 2018



Julio Barriga es tal vez el último poeta maldito —de los que beben por días, de los que duermen en la calle, de los que hicieron de su vida la poesía—. Y la editorial El Cuervo publicó la segunda edición de El hombre que amaba a Amy Winehouse, que incluye el documental La última navidad de Julius, de Edmundo Bejarano.

Julio Barriga se convirtió en poeta a fuerza de la vida, como debería ser. El hombre que amaba a Amy Winehouse es una suerte de diario o autobiografía que va desde algunos recuerdos de la infancia, hasta unos días (¿meses, años?) después de la muerte de Amy Winehouse.

Amy Winehouse llega a ser para él como Beatriz para Dante, pero en una versión rock: una musa imperfecta, adicta y suicida, que es la representación de la poesía de Julio Barriga: siempre en el límite, el deseo de escribir, pero no de publicar, el sentido del humor ácido, y esa soledad que se le entró al cuerpo.

El hombre que amaba a Amy Winehouse se divide en capítulos cortos, que a la vez son fragmentos que fueron escritos con diversos lapsos de tiempos. Fernando Barrientos, que es el editor y el recopilador, en el prólogo nos dice: “Ya acostumbrado a la atmósfera del cuarto, escucho a Barriga lamentarse con rabia por la destrucción sistemática de los escenarios más queridos de su infancia”.

Eso es Julio Barriga: un ser que en algún momento de su vida fue tan sensible (como debería ser un poeta) y debió convertirse en un hombre duro, en una máscara para soportar la realidad. Desde niño fue nómada y habitó las calles de Tarija.

Al leer El hombre que amaba a Amy Winehouse, el lector tal vez pueda comprender la necesidad de escribir de Julio, de quitarse lo malevo, de escribir para sobrevivir, de escribir para seguir en pie y mirar sin miedo ese pozo oscuro que somos nosotros mismos (¿qué encerramos?).

El hombre que amaba a Amy Winehouse está divido en cinco partes: la infancia, los primeros pasos de la juventud de Julio, su llegada a La Paz y cuando conoció a otros escritores (Humberto Quino, Adolfo Cárdenas y Víctor Hugo Viscarra), los bares de Tarija y La Paz y la muerte de Amy Whinehouse.

Fernando Barrientos también dice en el prólogo que, con la primera edición de este libro, se creó la editorial El Cuervo. Lo hizo a modo de homenaje y, a la vez, para crear un mito, que va entre Jaime Sáenz y Víctor Hugo Viscarra. Julio Barriga entonces es una creación casi literaria de un poeta que no debió ser, albañil en Argentina, trabajador de carga en Bolivia, y escritor de noche y de madrugadas, y bohemio de La Paz.

Para entender mejor el proceso de creación, muy al estilo de backstage, Edmundo Bejarano filmó un documental sobre Julio Barriga. La última navidad de Julius es mirar la vida de Julio, en el proceso de su propia creación. Como lo escribe en uno de sus primeros poemas: quiero una escandalosa canción de sangre/ y espuma para celebrar los turbios esponsales/ de un odioso destino y una andrajosa sombra erguida.

Julio Barriga es nuestro antipoeta, al estilo Nicanor Parra. Es un hombre de los suburbios y es un personaje que odia a los perros porque debió matar al suyo, después de que lo atropellaran. Parafraseo: encontró a su perro debajo de un banco, apenas se movía, tenía sangre en el lomo, lo llevó a un descampado y el viento era fuerte, con el revólver de su padre le dio dos tiros, no uno sino dos, y luego lloró con amargura.

El dolor lo convirtió en poeta. Como dice Fernando Barrientos: «¡salud, Julio!».





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