Cochabamba, Bolivia, Lunes 19 de junio de 2017
Opinión
COLECTIVO TELARTES

Transgresión en la BAU (II)

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Por: CLAUDIA MICHEL F. | 19/06/2017 | Ed. Imp.
Desde la gestión de la BAU hay un evidente “ir en contra”, a partir de la gestión cultural misma que tiende a instalar eventos y no a generar procesos. La BAU no se limita a la organización de un evento, lo que sin duda es su punto alto, pero que se inscribe como una línea de acción a lo largo de años. Esto se refleja en la circulación constante de artistas nacionales e internacionales y la participación en proyectos que implican acciones con fines de concientización o transformación, respecto a distintos tópicos sociales como violencia de género o participación ciudadana.

En sus inicios, la BAU realizó una búsqueda e invitación de artistas nacionales e internacionales. Muchos de ellos usaban salas de exposición convencionales, pero fueron invitados a tomar la calle como espacio de exhibición. Actualmente, “actuando en contra” de los tipos convencionales de exhibición de artes visuales, Cochabamba es un referente nacional sobre acciones de arte urbano. Toda la experiencia adquirida y el trabajo sobre estos procesos permiten que se cree una red de contactos con artistas nacionales, que poco a poco logra más cabida en Latinoamérica. Para los artistas que pintan “a pulmón” teniendo como toda motivación su propia convicción, sin sponsor ni fondos estatales de ningún tipo y con todas las necesidades de una persona joven abocada al arte, las posibilidades son limitadísimas.

La participación en la Bienal, así como en otros espacios ligados al arte urbano, potencia lazos y posibilidades de trabajo, permitiendo mayor rigor y calidad, así como participación en eventos internacionales, lo que es uno de los intereses mayores de los artistas. Estamos lejos de vivir del arte en Bolivia, lamentablemente, pero al menos algunas opciones se van abriendo para poder encontrar formas de echar a andar los talentos locales.

Un mural de 15 por 18 metros en pleno centro de la ciudad es casi como un ovni, aparece de la nada, parece ir en contra de la funcionalidad de la calle y de la vida misma. Sin embargo, puede ser un oasis dentro de la abarrotada contaminación visual con que nos acosa la publicidad y sobre la cual no hay restricciones. Un mural de grandes dimensiones que “aterriza” en el centro de la ciudad, o en el puesto de zapateros de la plaza Osorio, o en la final Oquendo, cerca de la parada de buses al Chapare, “va en contra” del orden de estos micromundos que hay en las ciudades, y por eso mismo provoca y promueve una conexión con mayor efectividad, menos burocracia y mejor uso de recursos, poniendo el arte a disposición de la ciudadanía.


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