Cochabamba, Bolivia, Martes 21 de marzo de 2017
Opinión
MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Múltiples identidades

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Por: MARÍA ESTHER MERCADO H. | 21/03/2017 | Ed. Imp.
Martín Barbero dice: “La única forma de ser fiel a la identidad es transformándola”. Habitualmente, se piensa que los individuos nacen con determinadas características de su identidad cultural y étnica: indio naciste, indio morirás; como si la identidad fuera únicamente biológica. La construcción de la identidad es dialéctica, flexible y dinámica, y en interacción con otros grupos se crea las diferencias o similitudes. No obstante, esta construcción pasa por autoreconocerse, lo que permite decir: yo soy esto, o así somos nosotros.

El sentido de pertenencia étnica o cultural se refiere a un proceso de la conciencia, al orgullo de ser y de sentirse parte de una comunidad o sociedad, porque tienen el mismo universo simbólico, la misma raíz histórica y una particular visión sobre la vida. No existe identidad sin “alteridad”, de manera que la identidad se la edifica en un permanente diálogo constructivo, con actitudes amplias y de reconocimiento a esta alteridad. Este proceso enriquece las identidades, que las hace únicas y diferentes al mismo tiempo.

Cada cultura es muy particular y puede o no tener conciencia identitaria, mientras que las estrategias identitarias son movibles y pueden llegar a modificar la propia cultura, debido al sentido de pertenencia o la autoidentificación por algún rasgo cultural. En estos contextos, no se pueden abstraer las realidades complejas, porque las diferentes formas culturales vienen, van, se las asimila y/o se las elimina.

En consulta a numerosos estudiantes de la universidad donde trabajo, sobre cuál es la identidad del cochabambino, lo primero que se les viene a la cabeza es la comida, la chicha y el chicharrón. Si bien son características distintivas de las diferentes regiones, de ninguna manera podemos abstraer nuestra historia, símbolos y creencias para crear una supuesta forma identitaria. El trabajo pasa por este aspecto débil, el conocernos desde la mismidad que solo es posible construirla en la alteridad. ¿Quiénes somos? Esa es la cuestión. El sentido identitario es muy subjetivo creando situaciones de inconformidad, de negar la propia identidad y de querer ser el otro diferente, con valores y creencias que no responden a las propias formas culturales. Algo así como estrategias para sobrevivir en contextos agrestes.

Según Guerrero (2002), las identidades son múltiples y diferenciadas porque cada individuo tiene varias identidades como parte de su ser, y cada identidad nos vincula con otros actores que ocupan distintos espacios societales o geográficos. Cada individuo posee una identidad individual de acuerdo al grupo familiar o cultural; al mismo tiempo, tiene una identidad de género, generacional, social, regional, nacional, religiosa, política, profesional, etc. Es complicado encasillar, lo cierto es que nos encontramos en la línea frágil del subjetivismo, muchas veces excluyente, burlesco y ofensivo.

La identidad por lo tanto es una construcción dialéctica cargada de historicidad donde se muestra la pertenencia, la misma que se expresa a través de universos simbólicos socialmente compartidos. Esto nos permite ser lo que somos como pueblo, como colectivos, como sociedad transformadora para ser “parte de” desde la diferencia.


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