Cochabamba, Bolivia, Martes 21 de marzo de 2017
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NOESIS

Testimonio de un exiliado

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Por: IVÁN ARIAS D. | 21/03/2017 | Ed. Imp.
Fui y soy admirador de los doctores Javier Torres-Goitia Torres y Javier Torres-Goitia Caballero. En el segundo gobierno de Sánchez de Lozada, el doctor Torres-Goitia Caballero fue invitado a dirigir el Ministerio de Salud. Esto, después de ser derrocado el Gobierno del MNR (2003), cambió su vida y le obligó a refugiarse en Perú. Han pasado más de ocho años de su exilio y, con admiración y dolor, pude leer el testimonio que escribió en su página de Facebook, a su nietos Matilde y Thiago, para explicarles por qué está en Perú: "Me he cansado de decirles a ustedes, mis nietos, mi razón de ser, verdades a medias. Me he dado cuenta de que estoy haciendo el juego muy fácil a mis verdugos”.

Tras describir los títulos y especialidades logradas como profesional, expresa: "Toda mi vida la he dedicado a cuidar la salud de las personas, a luchar en forma permanente para evitar la muerte. Gracias a mi inclinación por los problemas sociales, he tenido algunas actuaciones públicas y políticas, siempre vinculadas exclusivamente al cuidado de la salud. En ese sentido, soy uno de los autores de la organización del primer seguro público financiado con aportes indirectos para la atención gratuita de la madre y los niños menores de cinco años. El primero de ese tipo aplicado en la América Latina, en 1996. Este seguro fue perfeccionándose en dos gobiernos distintos y sucesivos, luego, en mi calidad de Ministro de Salud, en 2002, con el mismo grupo profesional, tuve la enorme satisfacción de lograr la aprobación de la ley que crea el Seguro Universal Materno Infantil (SUMI). Seguro que no ha podido ser superado hasta la fecha y, aunque con cambios que lo perjudican, se mantiene hasta ahora. El nuevo seguro y un paralelo cambio en el modelo de atención permitió bajar la mortalidad materna en un 45 por ciento en los primeros 10 años de vigencia. Es la medida que más me ha satisfecho porque con ella hemos salvado vidas de mujeres bolivianas de todas las etnias y de niños de todo el país”.

En medio de su relato, dice (resumo): "¿Cuál es la lección que aprendí y que quiero transmitírselas a ustedes, queridos Matilde y Thiago? Primero, que cuando uno acepta ser ministro es para trabajar y hacer cosas nuevas que beneficien a la mayor cantidad de gente posible, sin hacer diferencias por el color de la piel, el origen de nacimiento o la cantidad de plata que tenga”. Finalmente, les dice que lo peor es solo preocuparse y aprovecharse de las necesidades de la gente, y que lo que hacen las gentes de bien es ocuparse: "Esta actitud es la perfecta, es la correcta. Enterarse de la verdadera magnitud del problema, de sus causas y de sus posibles soluciones (...)”.


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