Cochabamba, Bolivia, Viernes 7 de diciembre de 2012
Editorial

Bolivia y la lucha contra la corrupción

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07/12/2012 | Ed. Imp.

Informe.

Habría que conocer un informe sobre lo que se ha hecho en el país contra la corrupción y los casos, para aquilatar en la balanza entre lo que se dice y se hace.

Cuando se habla sobre corrupción y la labor que realizan los gobiernos para erradicarla o cuando menos disminuirla, las comparaciones respecto a los países y el sitio que ocupan en los estudios internacionales, representan indicativos importantes y desconocerlos resultaría un autoengaño, como también, tratar de explicar los fallos o las deficiencias que dan lugar a este fenómeno como que esto ocurre en la mayoría de los países.

Los estudios demuestran realidades concretas. La organización de Transparencia Internacional informó que Bolivia volvió al nivel del año 2007 en materia de lucha contra la corrupción, mejoró en 13 puntos, ya que se encuentra en el puesto 105, cuando el 2011 estaba en el 118. En lo que respecta a Sudamérica es el cuarto país más corrupto, por encima de Ecuador, Paraguay y Venezuela. Bolivia subió del 118 al 105, compartiendo la clasificación de corrupción con Argentina, Gabón, Tanzania, Argelia, Armenia, Gambia, Kosovo, Mali, México y Filipinas. El estudio demuestra que, sin embargo, Bolivia con el puesto 105 está entre los países más corruptos de la región sur de Latinoamérica, superando a Paraguay y Venezuela. Otro dato es que los países que son superados por Bolivia, son Ecuador y Venezuela, es decir, que Venezuela y Paraguay siguen siendo vistos como los países más corruptos de la región. Y el otro lado de la medalla está en que Chile y Uruguay se mantienen como los líderes en transparencia.

En ámbito mundial, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Suecia y Singapur son los menos corruptos, mientras que Somalia, Corea del Norte, Afganistán, Sudán y Birmania son los más corruptos.

El informe no puede motivar reacciones que lo descalifique de parte de los países más corruptos o los que aún no logran vencer esa especie de barrera, como Bolivia, de trascender estos sitios deshonrosos de la corrupción internacional. Por el contrario, se trata de que en los niveles gubernamentales se realice autocrítica para establecer qué es lo que está fallando y cuáles son las distancias incumplidas entre la retórica del discurso que sostiene luchar contra la corrupción en relación a la práctica cotidiana que debe caracterizar una administración con planes de trabajo.

Los recientes hechos que dieron a conocer el funcionamiento de una red de corrupción y de extorsión que llega al sistema judicial a partir del caso de un ciudadano norteamericano que cayó en la red de los corruptos que le pidieron dinero para sacarlo libre de la cárcel y vendieron una partida de arroz de su propiedad, seguramente que incidiría negativamente en los porcentajes del informe de Transparencia Internacional, emitido antes de estos hechos.

Hay quienes afirman que la corrupción es un fenómeno enraizado en la naturaleza misma del hombre y de las sociedades, pero si así fuese, algo que desde luego requiere un análisis más profundo, las sociedades más organizadas adoptan sistemas de control y desarrollan métodos que disminuyan los índices de corrupción mediante mecanismos de transparencia y controles cruzados, en contrataciones, en el gasto público, rendición de cuentas a organismos públicos y a la población, tal como recomiendan las entidades internacionales.

Hoy que el escándalo de corrupción y extorsión sacude al país, siguiendo la línea de las recomendaciones, habría que conocer un informe nacional en Bolivia, sobre lo que efectivamente se ha hecho para luchar contra la corrupción y los casos concretos donde se han cortado las garras de los corruptos, para aquilatar en la balanza, entre lo que se dice y se hace.



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