Cochabamba, Bolivia, Jueves 26 de mayo de 2011
Subeditorial

El respeto a la mujer

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26/05/2011 | Ed. Imp.
Mujeres bebés, niñas, adolescentes, jóvenes, adultas, ancianas sufren agresiones de la más diversa índole, desde psicológicas hasta físicas, en las que no está ausente, con una frecuencia escandalosa, la muerte.

Si hasta hace años la lucha de los colectivos feministas era por la igualdad de derechos, la situación se ha agravado hasta ver que sus protestas se dirigen a exigir el derecho de vivir con dignidad y alejadas de la violencia que se ensaña con ellas.

La irracional conducta machista, lamentablemente muy extendida en nuestro país, es la primera causa de la desvalorización de la mujer considerándola en los hechos como un ser inferior. Basado en su fuerza el hombre esgrime un argumento (que debió quedarse en las cavernas) para declarar su ilusa superioridad.

La demostración de que esta mentalidad es absolutamente equivocada, son las miles de mujeres que aventajan al hombre en actividades intelectuales y su capacidad de afecto, entre mil otras situaciones.

La lucha por desmoronar este edificio intelectual de la infamia será largo, si tomamos en cuenta que algunas ideas decadentes siguen muy firmes en la conducta de los hombres, no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo, incluidos los más avanzados económicamente, y en las democracias de occidente en las que parece dado por resuelto el problema por una legislación que no se cumple.

Las leyes de igualdad de género pueden ser un avance, pero no terminan automáticamente con las ideas conservadoras de gran parte de la sociedad con respecto a las mujeres.

La crónica policial está repleta de casos monstruosos en los que las víctimas son mujeres de toda condición.

Violaciones, palizas, discriminación, desprecio, burla, asesinatos, todo llega a las víctimas por una educación que evidentemente ha fallado, en la que están envueltos hombres y mujeres.

Quizá es allí, en la educación, donde podrá erigirse una nueva visión del respeto a las mujeres, como debe respetarse a todo ser humano, a todo ser. Paralelo a esto deben darse severos castigos a los agresores, por el aparentemente más mínimo daño que ocasionen.

Ya es tiempo de pelear contra las ideas decadentes con el fuerte arma de las ideas progresistas.



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