Cochabamba, Bolivia, Domingo 23 de enero de 2011
Editorial

A un año del nuevo Estado Plurinacional

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23/01/2011 | Ed. Imp.

Unidad y metas.
Lo evidente es que esta revolución tiene que conducirse por el camino de la unidad de los bolivianos, con metas claras para el desarrollo del país y de mejores condiciones de vida.


El 22 de Enero de 2010 ha sido una fecha importante para Bolivia. Se dice tan importante como lo fue el 6 de Agosto de 1825 cuando se fundó la República de Bolivia. El 22 de Enero terminó la República y nació el Estado Plurinacional de Bolivia. De ese hecho histórico ha pasado un año.

El antecedente directo del profundo cambio histórico, político y social está en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional, vigente desde febrero de 2009, que da forma al nuevo Estado y que resalta el reconocimiento de los derechos de las 36 naciones originarias que habitan en el territorio boliviano e implanta el socialismo comunitario con el objetivo de lograr una distribución equitativa del excedente estatal.

Hace un año, los bolivianos tuvieron la oportunidad de ser testigos de un hecho trascendental. La culminación de la República, para los impulsores del nuevo Estado Plurinacional, tiene su origen en una serie de injusticias que excluyó a las grandes mayorías nacionales y que mantuvo regímenes de gobierno que no supieron defender los recursos naturales del país, donde no hubo igualdad ni reconocimiento a las culturas diversas de las naciones y en el hecho de que en la fundación de la República no se tomó en cuenta a los representantes de los sectores mayoritarios que lucharon por la independencia de la colonia española, lo que determinó una especie de extensión de los males de la colonia.

Los primeros pasos para la marcha del nuevo Estado o dicho de otro modo, para su nacimiento, se dieron con la promulgación de cinco nuevas leyes denominadas orgánicas a partir de la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, de las leyes de los órganos Electoral, del Régimen Electoral, Judicial y del Tribunal Constitucional.

Nadie puede negar que un cambio de las proporciones, planteado por el Gobierno del presidente Evo Morales, conlleva enormes incertidumbres y riesgos, pues se trata de una nueva concepción del Estado que influirá en la vida de los ciudadanos. El reto del Gobierno a un año de la fundación de ese Estado, además de la aplicación de las leyes aprobadas y de avances en el reconocimiento de los derechos e igualdad de los pueblos indígenas, es superar las incertidumbres. A un año de lo que se considera la fundación del Estado es poco aún lo que se puede anotar entre los beneficios para la transformación del Estado y de lo favorable para la vida de los bolivianos. La extensión de los males de la vilipendiada República continúa y los intentos de reorganizar el Estado están comportando confusiones y de algún modo cierto desorden, aspectos que tienen que ser sabiamente controlados para que el proceso no termine en un gran desbarajuste nacional durante los próximo años o que la refundación termine aun antes de haber ejercitado iniciales propósitos.

Los impulsores del cambio deberán primero comprender en todos sus segmentos lo que significa el proceso en sí. Lo que es evidente, es que esta revolución tiene que conducirse por el camino de la unidad de los bolivianos, fijarse metas claras para el desarrollo de todo el país y en el cumplimiento de una de sus proclamas que es otorgar mejores condiciones de vida a los habitantes. El primer aniversario encuentra a una Bolivia distanciada entre grupos poblacionales y tensionada por una situación económica cuya atención debe ser una de las tareas inmediatas, pues es muy cierto, que para vencer a la pobreza el trabajo tiene que empezar por esta variable buscando con esfuerzo conciliar con lo social y político.



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